Con los recientes casos que se han dado al rededor de las cartas de Pokémon TCG se ha convertido en un deporte de altísimo riesgo. Entre la escasez ridícula y las mafias de acaparadores, conseguir una caja a precio oficial requiere un milagro. Pero una enorme sucursal de Bic Camera en el corazón de Tokio acaba de decir basta. Se hartaron de ver cómo sujetos que no saben ni quién es Pikachu vaciaban sus estantes para revender el producto por el triple de su valor. ¿Su brillante solución? Exigirte que apruebes un examen de conocimientos en pleno mostrador si quieres llevarte mercancía.

La nueva regla está activa en la sección de cartas y es letal. Si quieres comprar la cotizada expansión Ninja Spinner Mega, el cajero te lanzará unas 15 preguntas al azar donde tendrás que identificar a diferentes especies de Pokémon. Un jugador o coleccionista real se ríe de este examen y lo pasa con los ojos cerrados. Pero para un revendedor que solo ve signos de dólar, es una barrera absolutamente impenetrable. Un fanático reportó en redes la gloriosa escena de decenas de estos oportunistas sudando frío en las escaleras, intentando memorizar nombres desde sus celulares para terminar fracasando y yéndose con las manos vacías y caras largas.
Evidentemente la tienda no confía solo en un cuestionario para proteger el mercado de coleccionistas. El sistema te exige mostrar la tarjeta de cliente frecuente de la franquicia, lo que les permite rastrear tu historial para confirmar que no estás haciendo compras masivas bajo la mesa. Todo está fríamente calculado y limitado a una sola caja de treinta sobres por persona. Un filtro totalmente implacable que separa a los verdaderos apasionados de quienes solo quieren destruir la economía del juego.
Por si exhibir públicamente a los acaparadores no fuera suficiente, la tienda guardó una última estocada. Justo en el momento en que pasas tu tarjeta para pagar, el cajero le arranca el plástico protector a la caja y destruye los sellos de seguridad originales. Adiós al valor inflado de caja sellada en las plataformas de reventa en línea. Nadie te va a pagar miles de dólares por un producto abierto, reduciendo el interés del mercado negro a cero en cuestión de segundos.
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