Se a informado que el anime de My Dress-Up Darling (Sono Bisque Doll wa Koi wo Suru) recibió oficialmente una clasificación para adultos R18 en dicho país. Las autoridades determinaron que el constante fanservice y las escenas sugerentes relacionadas con la confección de trajes son motivos suficientes para colocar a esta inofensiva historia escolar en la misma categoría restrictiva que el material pornográfico o las producciones con violencia extrema.


Como era de esperarse, esta tajante decisión provocó un masivo dolor de cabeza dentro de la comunidad angloparlante. Miles de seguidores expresaron su inmensa frustración en redes sociales al ver cómo los países occidentales insisten en tratar al anime como un medio problemático que necesita ser regulado o sometido a censura bajo sus propios estándares morales. Mientras que algunos fanáticos veteranos culparon a las nuevas generaciones por introducir una mentalidad puritana al fandom, otros simplemente señalaron que naciones como Nueva Zelanda y Australia siempre han tenido un historial absurdamente estricto al momento de evaluar el entretenimiento asiático.
Curiosamente, la respuesta desde territorio nipón fue mucho más analítica y dividida. Aunque varios espectadores lamentaron que los jóvenes extranjeros interesados en el diseño de modas y el cosplay se pierdan de esta joyita animada, otros aceptaron que el choque cultural es inevitable. Varios usuarios japoneses señalaron que, si analizamos la obra fríamente, los diálogos que involucran juegos eróticos y las accidentadas visitas a los love hotels sí justifican ciertas restricciones, reconociendo que incluso en su país natal, las temáticas relacionadas con los círculos doujinshi suelen cargar con una imagen orientada a un público maduro.
ANN
